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La gente de la montaña, de vuelta en la montaña.

  • Writer: Ambachake Embera
    Ambachake Embera
  • Apr 18, 2022
  • 3 min read


El año pasado en los meses de Noviembre y Diciembre retornaron cientos de familias Embera a su territorio, entre ellas, la familia de Borocuara, con quienes llevamos a cabo nuestro proyecto social desde finales del año 2018. Al retornar estas familias, quedamos con la expectativa de que el Estado les cumpliera con las garantías que tienen como víctimas según la ley 1448 de 2011y el Decreto Ley 4633 de 2011. Por ello, en Marzo del 2022 decidimos viajar a visitar a las familias y a verificar en qué condiciones se encontraban en su resguardo.


El jueves 2 de marzo llegamos al territorio que ancestralmente ha habitado el pueblo Embera Chami: el resguardo Unificado Chamí del Río San Juan, ubicado más allá del corregimiento de Santa Cecilia, en el municipio de Pueblo Rico, Risaralda.


Al llegar a Santa Cecilia, Jairo Borocuara nos estaba esperando junto a su esposa Eloysa. Nos encontramos, almorzamos juntos y decidimos quedarnos en la vereda, en la casa de Juan: el hermano de Jairo, ya que ellos fueron muy insistentes en que nos quedáramos allí y estaban muy felices por eso. Cogimos un Jeep hasta la vereda que nos cobró 50.000 pesos colombianos por el trayecto. Este precio se debe a que desde Santa Cecilia a la vereda es aproximadamente 1 hora de trayecto, por una vía totalmente destapada que en ocasiones se intercepta con el río y que cuando llueve, puede llegar a ser muy peligrosa.



Cuando llegamos a la vereda, nos recibieron todos los niños de la familia Borocuara. Allí repartimos las cosas de mercado que pudimos llevar para todos y nos sentamos a conversar y tomar fotos con los niños. La realidad es que su vida allá se desarrolla igual que en la ciudad: jugar, ir al colegio y ayudar a sus papás con sus hermanos o con las cosas del hogar.





Durante los días que pasamos en la vereda pudimos apreciar que a pesar de que es muy diferente a la ciudad, pues al menos están en su territorio con su familia y viviendo bajo sus costumbres y normas, tampoco existen condiciones dignas para de vida: no hay acueducto ni carretera, y en algunas ocasiones tampoco hay luz. Las casas no están equipadas para que vivan tantas personas y la vivienda que les prometió el gobierno nacional, nunca llegó. Por lo tanto, ellos gestionan sus propias casas con los materiales que pueden conseguir.



El principal trabajo que desarrollan en territorio los Embera, es recoger oro del río, esto apenas les da para comer y en algunas ocasiones cuando no sale oro, se les dificulta mucho el acceso a la comida. Los cultivos tardan mucho en crecer y por ello no siempre hay plátano, yuca, cacao, entre otros.


Por otro lado, el transporte es muy difícil y si no hay posibilidad de pagar un “jeep” o un “chocho”, los recorridos pueden durar entre 3 y 4 horas caminando para ir al pueblo. Asimismo, para las veredas en las que no hay escuela, los niños deben desplazarse a otros lugares donde está su escuela y como el Río Agüita atraviesa todo el territorio, existen muchos casos en los que los niños se ahogan y se los lleva el río, pues tampoco hay puentes que les permitan cruzar de un lado a otro. Asimismo, las escuelas están en precarias condiciones, los baños no funcionan y los salones apenas alcanzan para que niños de todas las edades puedan estudiar. Con respecto a los puestos de salud, no existe ni uno solo cerca de las veredas que visitamos, así que si alguien se enferma de gravedad debe ir hasta Santa Cecilia o incluso hasta Pueblo Rico para ser atendido.




Más allá de las necesidades y la carencia de carreteras, educación, salud y alimentos. Los Embera siguen resistiendo colectivamente tanto en los resguardos, como en la ciudad de Bogotá. Pues nadie entiende todavía que ellos no eligieron vivir en el olvido, así como tampoco eligieron vivir una guerra que no les correspondía.


Esta visita nos permitió acercarnos más a nuestra familia, a nuestros hermanos: “Ambachake” y a la cultura Embera. Por ahora, la familia Borocuara está mejor de lo que podría estar en la ciudad y a través de nuestro viaje pudimos comprobar que están felices de vivir en el lugar que los vió nacer: las montañas atravesadas por el Río “Do” Agüita.


Artículo escrito por: Daniela Contreras Cortes

Fotos tomadas por: Jairo Nicolas Bernal Usama


Agradecimiento especiales a la Asociación Katuyumar Veyrier por su constante apoyo a la familia Borocuara en la ciudad de Bogotá.













 
 
 

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